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De quien le da vida y le da muerte. ¿De quién?

Me enamoré de una flor que no podía ser mía.
Yo la regaba, y desde sus pétalos me perdía. Me dolía su belleza, era groseramente perfecta, era como para no ser cierta, pero lo era, y no podía ser mía.
Y es que ¿Cómo pensar querer ser tan egoísta? Querer arrancarla y llevármela sólo para luego verla marchita. Sólo para verla morir. Se moriría, moriría conmigo, pero sin ser mía.
Así es, ¿Cómo pensar querer ser tan egoísta? Es mejor alejarme, me alejaré de su gloria maldita que me hace sufrir con dulzura, la miraré de lejos, y observaré quién la riegue, veré quién también se enamora de ella. Y tristemente, si algún egoísta llega, no le podré detener, pues, aunque no sea mía, sé que tampoco, ni llevándosela, será de él.

¿Quién se llevará a esa flor, que de igual manera acabará marchita?

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