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¿Alguien se atrevería a pintarme?

Éstas ojeras no son fáciles de captar, tienen cansancio, agotamiento, alucinan de tanto sufrimiento. Están en agonía al no poder contar el tiempo, no sé cuánto tiempo llevan conmigo ¿Puedes descifrarlo tú? Ellas tienen demasiado que decir como para que sólo salgan de un pincel.
¿Podrías dibujar mi mirada? ¿Y todos esos caminos que cree, jamás verá, y esos otros que ha imaginado, y esos últimos que son recuerdos? ¿Cómo dibujarías mi sonrisa? Podría mostrarse cicatrizada ¿Se vería cada beso en mis labios al dibujarlos?
Mis mejillas, por favor coloradas, siempre lo están, aún sin mi consentimiento. Mis brazos, sutiles, han de ser ligeros, al igual que mis manos. En mis manos han quedado rostros marcados por las caricias que he dado, eso sabe bien.
Espera, espera... ¿Y mi piel? ¿Cómo dibujarías mi piel? Ella añora sentir. Mi piel, sus añoranzas, sus lunares, cada poro, cada grieta, mi piel y su rabieta de no querer que la toquen, añorando sentir.
Oh, y mi cabello... Es importantísimo, mi cabello sería una mezcla de perfección ante la locura y su desorden. Mi cabello hace alución a todo lo que soy... Sus ondas, sus reflejos dorados, su fondo oscuro y su superficie clara. Lo llevo siempre despeinado porque el desorden me sienta bien, porque para ser feliz no es necesario estar en orden, sólo estar, estar y saltar, y bailar, y pensar y gritar. Mi cabello grita que es rebelde y que odia el orden, y odia el orden porque la locura no se trata de eso, y en la locura está la felicidad.

Entonces bien... ¿Alguien se atrevería a pintarme?

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